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La desigualdad de género en el acceso a los alimentos vuelve a aumentar a escala global



Una de las noticias más relevantes de los últimos meses sobre la brecha alimentaria de género es la confirmación, por parte de organismos de Naciones Unidas, de que la diferencia entre mujeres y hombres en el acceso a los alimentos vuelve a aumentar a escala global después de unos años de ligera mejora. Los datos muestran que las mujeres siguen sufriendo una mayor inseguridad alimentaria que los hombres en todas las regiones del mundo.

Según datos difundidos por la red de Naciones Unidas para la nutrición, en 2024 un 26,1% de las mujeres experimentaron inseguridad alimentaria moderada o grave, frente al 24,2% de los hombres. Además, las mujeres y las niñas representan cerca del 60% de la población que sufre hambre extrema en el mundo.

La novedad no es sólo que haya hambre, sino que el hambre tiene cada vez más un componente de desigualdad de género. Varios informes internacionales indican que factores como la pobreza, la discriminación en el acceso a la tierra, los conflictos armados, el cambio climático y la carga de las tareas de cuidado afectan especialmente a las mujeres.

El informe global sobre crisis alimentarias de 2026 alerta de que 266 millones de personas sufrieron inseguridad alimentaria aguda durante el 2025, mientras que los organismos de la ONU advierten que la situación podría empeorar entre junio y noviembre de 2026 en varios puntos críticos como Sudán, Sudán del Sur, Gaza. En estos contextos, las mujeres suelen ser las más vulnerables.


El caso de Sudán: ejemplo de la desigualdad alimentaria


Uno de los ejemplos más contundentes es Sudán. Los datos muestran que los hogares encabezados por mujeres tienen aproximadamente tres veces más probabilidades de sufrir inseguridad alimentaria que las dirigidas por hombres. La guerra, los desplazamientos forzados y la pérdida de medios de vida han agravado esta situación.

La brecha alimentaria de género mide la diferencia en el acceso regular a una alimentación suficiente, saludable y nutritiva entre mujeres y hombres. Los datos más recientes muestran que las mujeres siguen teniendo más probabilidades de sufrir inseguridad alimentaria moderada o grave en todas las regiones del mundo. En 2024, el 26,1% de las mujeres adultas se encontraban en esta situación, frente al 24,2% de los hombres. Esto representa a más de 822 millones de mujeres afectadas, frente a 759 millones de hombres.

Esta diferencia no se debe a factores biológicos, sino a desigualdades sociales y económicas: salarios más bajos, menor acceso a la tierra, menos derechos de propiedad, una mayor carga de trabajo doméstico y de cuidados, y una mayor vulnerabilidad ante crisis económicas, conflictos armados y fenómenos climáticos extremos.

El hecho de que ha generado mayor preocupación entre los expertos es que la diferencia entre mujeres y hombres, después de algunos años de estabilización, ha vuelto a crecer. Varios organismos de la ONU han alertado de que la recuperación global después de la pandemia, las guerras, la inflación alimentaria y los impactos climáticos no están beneficiando a todos por igual. Las mujeres siguen siendo las últimas en recuperar el acceso a una alimentación adecuada.

Esta situación es especialmente grave en África subsahariana, Asia occidental y varios países afectados por conflictos, donde muchos hogares encabezados por mujeres presentan niveles de inseguridad alimentaria muy superiores a la media nacional.

El informe anual "The State of Food Security and Nutrition in the World" (SOFI)

La principal referencia mundial es el informe anual "The State of Food Security and Nutrition in the World (SOFI)". Food and Agriculture Organization, International Fund for Agricultural Development, United Nations Children's Fund, World Food Programme y World Health Organization elaboran conjuntamente este documento, considerado la fuente más autorizada sobre hambre, nutrición y seguridad alimentaria en el mundo.

No se trata de un único autor individual, sino de un trabajo colectivo coordinado por equipos estadísticos, economistas, nutricionistas, epidemiólogos y especialistas en desarrollo de las cinco agencias de Naciones Unidas. Entre los responsables técnicos más destacados de los últimos años se encuentran economistas de la FAO como Máximo Torero, una de las voces más influyentes en el análisis global de la seguridad alimentaria.

La edición más reciente del SOFI fue publicada y presentada oficialmente el 28 de julio de 2025 durante los actos vinculados a la Cumbre de Naciones Unidas sobre Sistemas Alimentarios. El informe fue difundido simultáneamente por las cinco agencias de la ONU responsables del documento.

El estudio aportó un dato aparentemente positivo: el hambre global disminuyó ligeramente, pasando de 688 millones de personas en 2023 a aproximadamente 673 millones en 2024. Sin embargo, esta mejora esconde desigualdades profundas. La reducción no se ha producido de forma homogénea y la diferencia entre hombres y mujeres sigue siendo persistente en todas las regiones del planeta.

Los investigadores consideran que la brecha alimenticia de género es un indicador avanzado de vulnerabilidad social. Cuando una mujer tiene dificultades para alimentarse adecuadamente, también aumenta el riesgo de malnutrición infantil, problemas de salud materna y transmisión intergeneracional de la pobreza. Diversos estudios indican que reducir las desigualdades de género podría eliminar a más de la mitad de la diferencia actual en inseguridad alimentaria entre hombres y mujeres.

Por este motivo, las agencias de la ONU insisten en que las políticas contra el hambre no pueden limitarse a aumentar la producción de alimentos. Debe garantizarse también el acceso de las mujeres a los recursos productivos, al crédito, a la propiedad de la tierra, a la educación ya la toma de decisiones dentro de los sistemas alimentarios.

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